viernes, 18 de octubre de 2019

OCTUBRE

Ocho de octubre.
Como todos los días, es a la vez uno más y uno menos, pero no es un día igual. Habrá personas para las que no significa nada, otras que celebran su cumpleaños, otras que han perdido su trabajo... Pero no es un día cualquiera en el calendario.
Para mí es un día de emoción contenida, de sentimientos encontrados; un día donde confluyen muchos momentos y donde otros se bifurcan para siempre.
Y de todos los recuerdos que conservo de este ocho de octubre tan presente en mi memoria, el que realmente guarda sentido es aquél de hace once años cuando llegaste a mi vida. Aquella figura delgada, delicada y sonriente, la de "un caballero" ¿recuerdas? Así te respondí cuando me preguntaste si eras un antiguo. ¿Qué podía decir? Si para mí encarnabas la nobleza y la gallardía de antaño: sincero, sutil, sin ruido.
Fue un día de ésos tan escasos en una vida en que, sin darte cuenta, acaba de salir el sol cuando ya ha oscurecido y la noche de otoño se ha convertido en una mañana de Reyes. ¿Recuerdas? Así me sentía: mi emoción era tan intensa que no me cabía, apenas podía vivirla, sólo contemplarla. Era una cálida caricia que acariciaba mi alma... era pura y radiante magia. Se equiparaba a la que sentía cada mañana del seis de enero, cuando aún conservaba la inocencia y la vida me mantenía a salvo. Una mañana soleada de regalos.
Así fue: tú me hiciste niña de nuevo.
Ése fue el punto de partida. ¡Qué largo recorrido! ¡Qué extraño y qué largo se me ha hecho este camino! A veces ilusionada, a veces desmoronada, pero siempre consciente de que era el único. No podía elegir porque no había ningún otro, yo no tenía adonde ir: tu corazón era mi único destino. Tu corazón era el mío, los dos eran uno.
¿Recuerdas cuando te dije que eras la mitad que me faltabas? Susurraste que te dejaba sin aliento y sin palabras: creo que tú también lo sentías; y me gritaste que ya estaba completa y que no te necesitaba ¡cuánta razón tenías! Yo estaba completa de ti porque tú vivías en mí.
Y para eso han servido todos estos años: para descubrirme y rellenar el vacío de mí. Porque tú sí estabas, pero era yo la que faltaba.
Siempre creí que era muy lista, que todo veía y, en realidad, no veía nada. ¡Tenía el cristal rayado de mi ventana!
Este camino de sueños, de miles de kilómetros, de horas llenas de palabras y de palabras encadenadas, de cantos y alabanzas... ha llegado a su fin. Ha sido de una soledad impenitente, edulcorada y consciente; de un amor inmarcesible, inalterable y coherente... Y te doy las gracias, pero me bajo. He llegado al final del trayecto, es mi última parada: creo que he llegado a casa.
Siempre imaginé que arribaría a una estación muy grande, con edificio nuevo de gran vestíbulo, techos altísimos y columnas de mármol, bien iluminada y adornada con sonrisas y abrazos de llegada. Con un reencuentro del alma. Pero no es así, llego igual que partí: sola, aunque con mi soledad en calma.
Tal vez no sea el fin del camino, tal vez sólo un simple apeadero, de ésos que nadie te espera porque son una parada inesperada, en medio de la nada, sin jefe de estación, sin silbato, sin viajeros desorientados, con las puertas entreabiertas y una descuidada sala vacía. Tal vez sólo sea eso: una súbita parada, un alto en el camino, el comienzo de un nuevo recorrido.
Sí, así es: voy a tomar otro tren. Acabo de decidirlo.
Siempre te decía que tú eras más listo que yo. Porque tú decías que no y yo me empeñaba en , en que dejases la vida fluir, que alentases tu sentir, que creyeses en nosotros... que creyeses en ti. Si siempre has sido mi anhelo, ¿qué podía decir?
Si hasta bromeaba que no importaba que no me quisieses lo suficiente pues con mi amor bastaba para los dos.
Fuiste más listo que yo.
¿Te acuerdas cuando te decía que yo no empecé a quererte aquel día de octubre en que nos conocimos, sino que mi amor venía de antes, de mucho tiempo atrás, que mi amor era más viejo, más lejano, más inmenso? ¿Recuerdas que te decía que yo no te amaba desde siempre sino desde antes que fuese siempre?
Así ha sido y será
Eternamente.